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| Monument al Creuer de guerra feixista "BALEARES", al parc de Sa Feixina de Palma, després de la contextualització de la batlessa Aina Calvo |
Dice Damià Ferrà-Pons, historiador
Mallorquín especialista en el arte en la isla durante la dictadura
fascista, que los monumentos son una ocupación del espacio público por
parte del estado y si añadimos que el fascismo Español pretendía ser
eterno, tenemos los ingredientes necesarios que conforman la
monumentalidad del régimen fascista del general Franco. Si a esta receta
le añadimos que el golpe de estado monumentalizó (y ocupó) calles y
plazas a golpe fusil y tiro en la nuca, tal y como analiza
magistralmente Javier Rodrigo en su ensayo sobre la violencia durante la
guerra civil y la dictadura, tendremos una ofensa no solo a sus
víctimas si no a todos los demócratas, que hacen de los valores
democráticos el único modelo válido de convivencia en una sociedad
moderna. El profesor Ricard Vinyes, en su artículo “Sobre el uso de
símbolos y ruinas” del 21/05/2010, propone usar los monumentos como
elementos pedagógicos, como elementos de “ética” para las generaciones
de Españoles que no vivieron y no conocen los aspectos sociales de la
guerra o de la dictadura. Dudo que el profesor Ricard Vinyes desconozca
todos los manuales que sobre el arte del Franquismo se han editado en
España des de la muerte del dictador, algunos publicados a finales de
los 70 con el recuerdo a Franco aun caliente, y con las primeras
retiradas de calles o elementos monumentales, tales como cruces a los
caídos que poblaron y aún pueblan algunos pueblos de España. En esos
manuales, de lectura imprescindible para entender los monumentos, queda
claro el mensaje que Franco y sus leales servidores pretendían dar a lo
que algunos especialistas hanvenido a llamar manifiestos políticos del
fascismo: La inmortalidad. No se puede, ni debe, considerar fascista a
un monumento, solo por que contengan elementos propios del régimen, como
las “melodramáticas águilas negras de San Juan”, como apunta Ricard
Vinyes, si no que tenemos que analizar todos y cada uno de los elementos
que lo conforman, tal y como estableció la “Comisión de Estilo para la
Conmemoraciones de la Patria” creada ex-profeso por el ilegal gobierno
de Burgos en marzo de 1938 para marcar las directrices a seguir en cada
una de las fases de construcción de dichos monumentos. Según esa
“Comisión” los monumentos debían incluir exaltaciones a la patria, al
ejército, a las autoridades políticas, a los mártires o las gestas de la
“Cruzada” y a la religión Católica, alma mater de la cruzada anti
comunista. Según Ángel Llorente, en su “Arte e ideología del Franquismo
1936/1951” el fascismo Español pretendía seguir luchando contra sus
enemigos, la democracia y los demócratas, los nacionalismos, la
masonería, el comunismo, etc, etc, pero esta vez en vez de balas y
obuses usarían las piedras de los monumentos.
Esos códigos son aun
descifrables en los monumentos que aun se mantienen en pie, como el
dedicado al crucero “BALEARES” en el parque municipal de Sa Feixina de
Palma de Mallorca, que adoptó todos los elementos propios del régimen
monumental, incluyendo su lema de batalla “Inmortalidad”, como lo
denominaron los autores del proyecto. Es este monumento la máxima
expresión del culto funerario a los “caídos” y tan solo cumplían la
función de “mostrar las bases nuevas y eternas del Estado de Franco (…)
de ahí que los monumentos tuvieran que ser colosales e inexpugnables,
reflejo de las instituciones políticas y militares que apuntalaban el
nuevo Estado”, en palabras de la obra colectiva “Arte del Franquismo”,
editada a finales de los 70. Y gracias al actual consistorio municipal,
desoyendo la voz de los ciudadanos, expertos y colectivos de la memoria,
el monumento seguirá navegando por las aguas de la historia, con su
insultante y humillante mensaje de victoria del fascismo y los fascistas
sobre los demócratas y democracias. Que Franco lo inaugurará
solemnemente en mayo de 1947, es solo parte del protocolo oficial del
fascismo.
Como vemos no hay diferencias
sustanciales entre el lenguaje arquitectónico de los regímenes de los
“mil años” del nacionalsocialismo Alemán y los “40 años de Paz” del
Fascismo Español, ambos pretendían perpetuar las gestas y los prohombres
de sus respectivas “cruzadas” con la intención pedagógica y ética de
perpetuar sus valores casi eternos y seguir luchando contra los enemigos
de la patria. Y a día de hoy, solo el caudillo Español, asesino de
masas, esta consiguiendo su objetivo a costa del sufrimiento de sus
víctimas y de todos los demócratas y con la colaboración de
ayuntamientos, C.C.A.A y gobiernos centrales de multicolor político,
que están ayudando que Franco y su “Comisión de Sabios” consigan sus
“últimos objetivos militares” tal y como rezaba el último parte de
guerra. Lo que en Alemania es delito, la exaltación del fascismo, en
España es (a)normalidad democrática. Que cada uno extraiga sus propias
conclusiones.
El artículo 15 de la ley
52/2007 tan solo lo podemos considerar como un apaño ante la cantidad
de legislación que sobre monumentos, patrimonio y símbolos se ha ido
aprobando en los últimos 30 años de democracia, tanto a nivel estatal
como autonómico. Además el texto es ambiguo en formas y contenido, por
que no hace excepciones entre símbolos de la República democrática y la
España Fascista, dejando a una equidistancia imposible a los gobiernos
centrales de turno, a los de las C.C.A.A y a los ayuntamientos la última
decisión de derribar, contextualizar, o no, los monumentos y los
cambios en la toponimia de la dictadura, en base a criterios propios o
excusas de tipo sentimental, histórico, artístico o cultural, que ponen
en evidencia que pese al tiempo transcurrido des de la muerte de Franco y
pese a la enorme visibilidad que tiene su régimen monumental, el
reguero de sangre y sufrimiento provocado en sus casi 40 años de
dictadura es poco conocido o simplemente aceptado con una normalidad
impropia de gobiernos centrales, C.C.A.A, ayuntamientos, etc. Hoy en día
en pleno s.X.X.I es más complicado deshacerse de una lápida a los
caídos que en 1978. ¿Por que será? ¿que ha cambiado en España en los
últimos años para que algunos políticos se aferren con tanta energía a
los símbolos del Fascismo?.
La pedagogía alrededor
de lo que significó el fascismo para el estado Español se tiene que
institucionalizar en los centros de enseñanza, no en la calle, tal y
como aprendieron en Alemania y en los lugares que la sociedad designa
para la historia y el arte: Los museos. No podemos dejar que la
monumentalidad del fascismo eclipse el debate social en el que algunos
se empeñan en buscar excusas para protegerlos, calificándolo simplemente
como arte, mientras las cunetas están llenas de sus víctimas, que sus
sentencias y “enterados” son legales y la toponimia de todas las
ciudades comparte víctimas y verdugos en un ejercicio macabro de
reconciliación forzosa entre dos concepciones diferentes de lo que
algunos nos empeñamos en llamar simplemente vergüenza.

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